De cómo la I+D+I se convierte en riqueza para un país.

A cinco años del estallido de la crisis, España parece asomar la cabeza hacia la recuperación. Pero si bien vamos recuperando, poco a poco, la competitividad perdida, aún quedan varias tareas pendientes antes de poder afirmar que contamos con la base necesaria para que la industria española pueda crecer con firmeza.

I+D+I

 

Claro está que no podemos pretender competir en los mercados con un nivel salarial bajo como su única baza, especialmente en comparación con la ventaja competitiva que tienen otros países de Asia y el Este de Europa. Hay dos grandes factores que hay que impulsar con el fin de desarrollar al máximo su potencial de crecimiento: la productividad y la inversión en I+D. Necesitamos un programa industrial con miras a largo plazo.

Actualmente, nuestro país tiene un pronunciado déficit en cuanto a inversión en I+D si lo comparamos con la industria europea. Mirando las cifras, la industria española dedica el 0,84% del valor de su producción en actividades de I+D. La inversión de la UE, en comparación, casi se duplica, en el 1,5%. La correlación entre el posicionamiento competitivo y el impulso a la innovación se puede observar claramente. En los sectores donde España muestra un diferencial positivo frente a la UE15 —en temas de material de transporte— la posición competitiva de nuestro país es particularmente fuerte. Otro debate actual es si la jornada laboral española es la más adecuada para incentivar la productividad del empleado. Si bien somos uno de los países de la UE que más horas trabajamos, este tiempo no parece traducirse a la producción final de la empresa. Según una de las primeras consultoras internacionales, cada 10% de diferencial en este factor retribuiría un 0,33 % en la aportación directa al PIB. Es decir, si aumentásemos en un 34,1% nuestra productividad para situarnos en la media europea, supondría un impulso del 1,13% para el PIB español. Un incremento similar se notaría en el caso del I+D, donde posicionarnos al nivel de la media elevaría en un 1,17% el PIB. En total, el PIB podría crecer un 2,3%.

Si bien hay varios parámetros determinantes en la competitividad de la industria española, el potencial de España sigue lastrado por la falta de confianza en la capacidad de innovación y producción propia de los españoles. Y en esto llegamos al debate de la generación de ideas.

¿Cuánto valen las ideas?

Valen demasiado como para seguir ignorándolas. EEUU ha decidido, en una decisión histórica, contabilizar la investigación y el desarrollo no como un gasto, sino como una inversión. Esto supone unos 300.000 millones de dólares que, por primera vez, aparecen como una inversión en las cuentas nacionales del país. ¿Qué por qué no se ha hecho antes? ¿Es tan complicado saber cuánto vale una idea? EEUU no ha inventado nada, ya que Australia y Canadá ya lo hacen. La Unión Europea está ultimando los detalles para comenzar a hacerlo a partir del próximo año.

Este movimiento pretende reflejar mejor un cambio que ya ha sucedido: hace ya tiempo que el valor de algunas de las empresas más exitosas del mundo se basa más en ideas que en una flotilla de camiones. Apple o Google son los mejores ejemplos de esto. Su valor en el mercado es muchas veces superior al de sus fábricas, oficinas y otras inversiones tangibles.

En cambio España resalta por su escasa contribución en intangibles. Bajo la etiqueta de intangible caben muchas cosas más que la I+D. El término incluye desde el software que usa una empresa, sus técnicas de marketing o los fondos dedicados a formar empleados y organizarlos de formas más eficientes.

Si España adoptara la misma medida que EEUU el efecto sería mucho menor. En España las empresas invierten menos del 1% del PIB en I+D, con lo que el efecto de contabilizarlo como inversión sería pequeño. Los estados de la UE tienen un perfil menos decidido por la innovación, el gasto privado en I+D y el predominio de la economía intangible. Y estos componentes están cada vez más asociados al crecimiento en las economías actuales, que, al contrario que en 1929, se basan mucho más en el conocimiento, la innovación, la investigación y el desarrollo según la OCDE.

Hoy por hoy sólo se pude competir con ideas, especializarnos en una producción barata y de baja calidad es hipotecar nuestro futuro. Podríamos lanzarnos a construir otras 50  estaciones de AVE, pero el beneficio marginal que añadiría cada uno de ellos sería cada vez menor, mientras que las ideas no se agotan, no tienen límites en cuanto al retorno económico que pueden generar.

Noticias esperanzadoras

Nos queda mucho por hacer pero parece que vamos en buena línea. Las compañías españolas son cada vez más conscientes de la importancia de la innovación para generar crecimiento. España está cerca de la media mundial en cuanto a los sectores en los que más se planea fomentar la innovación: productos, tecnología y modelos de negocio, donde España está por encima de la media mundial (17 frente al 10%).

Aun así nos queda distancia por acortar respecto a los líderes europeos en innovación. En España, el sector público aporta en torno a la mitad de todos los recursos dedicados a investigación. El porcentaje aportado por las empresas era del 52% del total en el 2011, según el INE, lo que nos aleja del perfil de las economías  más dinámicas como Alemania, donde en 2010, las empresas aportaban el 65% de toda la I+D.

El INE cifra en 20.487 empresas innovadoras en nuestro país, pero sólo las empresas más grandes, unas 3.000, son reconocidas a efectos de inversión en I+D+I. Aunque no se lo crean es un tema contable. En términos de contabilidad una empresa puede computar su gasto en I+D como inversión sólo si sabe la rentabilidad económica de ese gasto, lo que para las pequeñas y medianas empresas poder “capitalizar”  su gasto en I+D e innovación, es decir, cifrar el beneficios que darán durante este año o el siguiente, es una tarea mucho más difícil, lo que empuja a muchas a no hacerlo. Si además, se suma el hecho de que en España, predominan las pequeñas y medianas empresas, se obtiene parte de la explicación de por qué el sector privado no apuesta tanto por el I+D. Claro, que no podemos  olvidar la paupérrima cultura emprendedora en nuestro país y que la mayoría de las empresas ven la inversión en I+D como un gasto y no una inversión. Y que me dicen del riesgo. Innovar es arriesgar. Las economías más innovadoras tienen un fuerte componente de “incertidumbre” y también requieren un ambiente institucional muy diferente al de España. Hay que trabajar ciertas claves, para obtener un buen modelo de éxito, como: facilidad para la financiación, la colaboración público-privada, la orientación a resultados de las universidades, la cultura y respeto por el emprendedor. Hay todavía una tremenda desconexión entre el mundo investigador encapsulado en la obsesión por lo público y lo académico y la realidad de las empresas privada, sus necesidades e inquietudes.

Un informe encargado por el Ministerio de Economía y Competitividad abunda en esta idea. El trabajo ha analizado qué porcentaje de las investigaciones españolas de mayor excelencia aparecen citadas en patentes de otros países. Los resultados indican que en algunos años, hasta el 40% de toda la ciencia de excelencia en España, en su mayoría hecha por investigadores pagados con fondos públicos, son citados en patentes de marcas extranjeras. Es decir, que empresas aprovechan  investigaciones españolas en campos muy especializados para aplicarlos luego al desarrollo de sus patentes. Explicándolo de una manera clara, que investigar investigamos pero las patentes y los beneficios se lo llevan empresas extranjeras. Desastre.

Algunos datos ofrecen luz a toda esta oscuridad y es que los créditos blandos que concede El Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI), uno de los pilares del nuevo modelo de financiación de la I+D en España previsto en la Ley de la Ciencia aprobada en 2011, funciona. Esto es importante si se tiene en cuenta que las empresas que hicieron I+D en el ejercicio anterior son un 53% más propensas a seguir haciéndolo.

Un repaso de algunos de los hitos en la investigación que más riqueza han generado, nos lleva por ejemplo al Genoma Humano, que tildan de la más rentable de la historia. El proyecto para obtener el primer genoma humano completo costo 3.800 millones y generó 140$ por cada dólar invertido. Otro claro ejemplo son las investigaciones sobre Quimioterapia, que hoy genera un negocio de unos 13.000 millones $.

¡Por favor, más cultura del emprendimiento, la innovación y sobre todo de inversiones y colaboraciones público-privadas!

_@mcprieto

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Una respuesta to “De cómo la I+D+I se convierte en riqueza para un país.”

  1. Suscribo todo el análisis. Y en relación con el párrafo: ” Es decir, que empresas aprovechan investigaciones españolas en campos muy especializados para aplicarlos luego al desarrollo de sus patentes. Explicándolo de una manera clara, que investigar investigamos pero las patentes y los beneficios se lo llevan empresas extranjeras.” Apunto una de las principales causas de este déficit de aprovechamiento por parte de la empresa española: La falta de recursos (económicos y personales), la empresa española está endémicamente infracapitalizada y, por otra parte, no cuenta -porque no puede pagarlo- con suficiente personal dedicado a la transferencia y aplicabilidad del conocimiento. Es decir, que el estímulo de la Administración debe poner más énfasis en la financiación de la empresa con este enfoque finalista.
    JLMolinero

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