¿Se puede caer más bajo?

En España, según la CNE,  se van a instalar 0 Mw sumando todas las tecnologías renovables. Es decir que si sumamos los Mw de Cogeneración, Termoeléctrica, Fotovoltaica, Eólica, Biomasa, Hidráulica, etc., entre todas las empresas que se dedican a las energías renovables en España se tienen que “repartir” 0 Mw. No sé si me explico.

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El resultado dando toda la razón a la CNE no se ha hecho esperar: La inversión en energías limpias ha caído en España en el primer trimestre del corriente un 96%.

Lo dicho y lo repetido hasta la saciedad, pero por si alguien todavía no se ha enterado: este golpe al desarrollo de las energías renovables, paraliza el cambio del modelo productivo que necesita España  y a la competitividad de nuestra economía que, tanta falta nos hace y que  desde ningún otro sector puede lograrse: independencia energética, innovación, creación de empleo,  contención de la contaminación,  disminución, en el medio plazo, de costes para las familias y las empresas,  y mejora de nuestra balanza de pagos. Más del 80% de nuestro déficit comercial proviene de la importación de combustibles y materias fósiles. Esto supone que necesitamos cerca de 40.000 M€ para pagar la factura anual de gas, petróleo y demás energías  fósiles convencionales.

La Santa Inquisición.

Hablar en el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, de ahorro y la eficiencia supone la excomunión automática porque afecta a este sistema que ampara y apoya el consumismo de electridad. Y es que la demanda eléctrica está cayendo como consecuencia de la crisis económica, y el menor consumo está reduciendo los ingresos del sistema, lo cual supone mayor dificultad si cabe para terminar con el déficit de tarifa. Los casi 29.000 millones de euros, supone que cualquier actuación que conlleve ahorro y reducción de ingresos es rechazada de facto. Se han oído gritos desde el interior del Ministerio: ¡Que le corten la cabeza!

Nosotros muy mal ¿y vosotros?: Tirando…

Y fuera están mal pero ni muchísimo menos “cadáveres”. Acabamos de tener acceso al último informe anual de La Agencia Internacional de Energía. Esta señala el estancamiento de la energía renovable y la necesidad de mayores esfuerzos desde los gobiernos. El informe pone de relevancia el lento avance del cambio del modelo energético a través de índices como de intensidad energética del sector del carbono (ESCII), en el que se muestra cuanto se emite de dióxido de carbono, para proporcionar una unidad de energía. El índice situó en 2,9 toneladas de CO2 por tonelada equivalente de petróleo en 1990, y apenas se ha movido hasta el año 2010, año en el cual el índice registra 2,37 t CO2/toe. Así mismo, informó del freno que está suponiendo la crisis económica. A pesar del debate político y del “boom” del sector renovable, no se está produciendo el cambio de modelo energético y hay que hacer un esfuerzo por superar las brechas que existen en el mercado, así como explotar el campo de la eficiencia energética.

¿Qué c… hacemos?

Bueno… ¿y ahora qué? Si bien es cierto, que el sector energético está en plena transformación, diría incluso que en plena “revolución” la cuestión es que todavía no está claro ni en qué dirección ni siguiendo qué fuerzas, de manera que, como no podía ser de otra forma, con esa falta de dirección este modelo energético ha caído en una fuerte crisis. Vamos que como nos descuidemos se muere.

Los síntomas son de todo tipo: el déficit de tarifa, la capacidad instalada sobrante, el sinsentido económico del carbón nacional, la falta de una política de Estado sobre la energía nuclear, renovables si renovables no, falta de compromiso real con el ahorro y la eficiencia energética, etc.

Los intentos de acuerdo sobre una adecuada planificación energética, entre los dos principales partidos españoles han caído en papel mojado. Es absolutamente necesario que  se terminen las improvisaciones, las ocurrencias y las medidas de última hora y se abra un horizonte claro y con la certidumbre que cualquier sector necesita para su desarrollo y evolución. Un desarrollo y evolución donde el ahorro y la eficiencia energética junto con las renovables sean el pilar de esa nueva estrategia energética, donde se potencia definitivamente el autoconsumo, la construcción sostenible y la implantación definitiva de esa gran promesa que es el coche eléctrico.

Nuestra economía será definitivamente, más competitiva si somos capaces de producir con una energía más barata y eso pasa por terminar con el despilfarro económico que supone nuestra insensata dependencia energética del exterior.

El enorme error de las recientes disposiciones legislativas promovidas por el Ministerio de Industria Energía y Turismo, que tanto daño están haciendo a la economía real, y que mantendrán la situación de dependencia energética con su terrible impacto en la balanza comercial y que nos situaran como uno de los países con mayor inseguridad jurídica para las inversiones.

Y ante este panorama ¿qué hacer? Yo entiendo que la mayoría de las empresas abandonen el mercado español, que tiren la toalla buscando sobrevivir en mercado internacionales, es más, es aconsejable. Lo que no entendería es que arrojemos la toalla como sociedad, como ciudadanos.

MP

(artículo escrito y publicado para Energy News)

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